La idiosincrasia bloguera

Éstos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros.

Groucho Marx.

 

Antes procuraba ser más personal a la hora de escribir en mi diario público, este lugar de código php, htm/html, javascript, entre otros. Un minúsculo rincón en el océano de la información, denominado blogosfera, creado el día que, en clase de la asignatura de Comunicación Audiovisual, la profesora sentenció: “¿qué pueden aportar estas personajillos llamados bloggers? ¿Qué se han creído?” Censuraba en primera instancia el uso de blogs como herramientas de comunicación, es más, los consideraba como la competencia desleal a los periodistas, personas preparadas -algunas, que no todas- con un título bajo el brazo.

El objetivo de este circunloquio es el de exponer cómo me he ido perdiendo. En un olvido del yo, encorseté mis ideales al ojo escrutador de los que me critican y siguen en la sombra. Moderé mis instintos, calmé la bestia que vomita palabras incómodas para el gran público. Sigo pensando que gran parte de los que tocan la opción “escribir un comentario“, ejercen este derecho bajo la diplomacia que impera en el ámbito de la literatura. Sinceramente, prefiero mil veces una crítica objetiva, constructiva, tales como señalarme alguna incoherencia en la estructura formal del texto, en la sintaxis e incluso alguna errata y/o falta de ortografía, antes que un comentario ligero.

  • La idiosincrasia bloguera.

Empero paseo, de vez en cuando, por algunos blogs donde leo textos indescifrables y luego el comentario de algún avispado que “cree” haber hallado la compresión del mismo. Curiosa y afana, entro a descubrir quién se encuentra tras ese halo de sabiduría y me encuentro un hortera -en el diseño- que apenas sabe escribir. ¿Ésos son los que yo quiero que me regalen frívolos halagos? O como leí por ahí, ¿voy a llorar por las palabras vacías y anodinas que nunca me dijeron? Con una educada respuesta diré que no, gracias, me niego a ello. En los pocos weblogs que comento -no llegarán a cinco, creo- soy lo más transparente que los principios me permiten. No voy a caer en la idiosincrasia bloguera, ésa que en los manuales SEO te recomienda visitar cientos de páginas y dejar mil respuestas cínicas para que te enlacen y comenten. No tengo tiempo ni estómago.

Me apetece volver a ser yo misma, a escribir en esta existencia caótica de la red, olvidándome de los que dedican ufanas palabras disfrazadas por rimbombantes melodías -con faltas de ortografía que nunca corrigen- y que se dirigen como punzantes dardos hacia mi persona. Intuyo que tras ellas se esconde mucho más de lo que dicen, mas, me temo, nunca tendrán la oportunidad de resarcirse de ellas porque tristemente las asumen como su verdad. Sí, confieso que nunca podré evitar que mi corazón se acelere y una intensa corriente de indignación recorra mi cuerpo cuando compruebo que alguien me copia. Observar cómo se atribuyen ideas y otros les aplauden… Insufrible.

Concluyo este post previniendo de dos cosas: una, que he sido lo más comedida posible -para no caer en el cinismo o parecer indecorosa-; y, dos, que no soy la rival de nadie -ridículo-. Diluyo aquí los posibles fantasmas que puedan atormentarme a mí o a terceros. Ésta soy yo, son mis principios y si no le gustan… Yo no soy Groucho Marx, así que no los pienso sustituir por otros.

  • Pero pon nombres propios, joder, así nos reímos todos 😛

  • Tienes razón South, pero en este tema se impone mi lado benevolente…

  • Nada, anda, que no se imponga. No se puede ser politicamente correcta al criticar lo politicamente correcto… (sustituye politicamente por blogueramente si quieres).

    De acuerdo con ambos, de todos modos.

  • Fer

    Me ha gustado mucho esta reflexión tuya, y la comparto casi al 100% De hecho, llevo una temporada sin dejar comentarios en los blogs, porque le había dejado de ver el sentido. Yo soy el primero que, de vez en cuando, escribe cosas incomprensibles, muy personales, dirigidas a alguien en concreto, y aun así tengo comentarios elogiosos, sabiendo que es imposible que se hayan enterado de algo…

    Al fin y al cabo, quien deja un comentario es porque quiere una visita más, no expresar su opinión sobre un texto. Seguro que a veces ni se leen los textos, o sólo en diagonal.

    Gracias por este texto.

    Besos

  • Pingback: ¿Me das un consejo para ser “blogger”? (1ª parte) | Malalua, por Ylka Tapia()