¿Termina mi libertad donde empieza la tuya?

“1. Se reconocen y protegen los derechos:

a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción”.

(Artículo 20. Constitución española).

A colación del interesante post que he leído en el blog Mangas Verdes, este artículo trata sobre la libertad de expresión. Para iniciar el tema, les pongo como ejemplo mi participación en un programa de televisión, en calidad de contertulia, en un debate de actualidad sobre la eutanasia.

Mi postura siempre ha sido clara: a favor. Pero, eso sí, nunca oscilo entre el blanco y el negro, procuro investigar matices. En este caso, considero que la legalización de la eutanasia sería un eficaz instrumento para promover una calidad de vida en las sociedades, pero sólo en aquellos casos en los que la recuperación  del enfermo no es factible, y donde el sufrimiento de éste y sus familiares se prolongue en el tiempo inútilmente.

Así de simple. No entran en juego connotaciones éticas o religiosas. El derecho a una muerte digna pero, más que a eso, a una vida real.

Una vez expuestas las principales líneas argumentales que exploté en el debate televisivo, surge el objeto de este post: ¿hasta dónde se protege y promueve el derecho de expresión? ¿Debemos ceñirnos al rasero de lo “políticamente correcto”? En esta situación, toleraron, sin restricción alguna, que defendiera mi postura a favor de la eutanasia pero, probablemente, herí sensibilidades a pesar de que fui lo más correcta que la ocasión permitía y requería (el otro contertulio es periodista y sacerdote). Únicamente exigí solidaridad ante el sufrimiento ajeno. Empatía, en pocas palabras.

Pero ¿qué pasa con aquellas personas que son capaces de llegar a propinar palizas o asesinar a bloggers, por ejemplo, por escribir y decir lo contrario a sus creencias? Es indignante y repulsivo que en países, que se autocalifican democráticos y civilizados, cientos, miles o quizás millones de personas hayan sido asesinadas por exponer su “libre” pensamiento. No existe el concepto real de respeto, no es tangible la cuestión “termina mi libertad donde empieza la tuya”.

Son estos momentos los que te hacen reflexionar si te interesa o no abrir la boca para hablar sobre turbios asuntos, que tienen la advertencia de inflamables. Hasta la fecha, en mis dos intervenciones en este programa, me han asignado las posturas controvertidas que, casualmente, coinciden con las mías. ¿Soy una persona polémica? o ¿realmente son contrarias a la mayoría o las tachamos de incendiarias por reventar lo común?

Las represarias contra los bloggers deben acabar YA. Y no sólo contra ellos, sino aquellos periodistas y ciudadanos que se expresan y difunden libremente sus pensamientos, ideas y opiniones con argumentos fundamentados, respeto y pluralismo. ¡Basta! ¡Así no podemos trabajar para ofrecer una interpretación veraz de la realidad!

Y lo peor de todo es escuchar o leer que el periodismo ha perdido credibilidad, ¿cómo tenerla (credibilidad, digo) si cuando dices denuncias un hecho te amenazan con coserte la boca? Incomprensible.

El día que coaccionen mi expresión, el día que me censuren, ese día desapareceré, me convertiré en la nada. Porque soy libre. Te guste o no.

****

Recomendadísimo el blog “Generación Y“. La libertad de expresión desde Cuba.

  • Aquí otra vez. El tema de la libertad de expresión es muy ambiguo. Todos creemos y defendemos el ideal de poder expresarnos libremente y con respeto sin que nuestros discursos supongan una flagrante agresión a los posibles afectados. Incluso en ese caso siempre cabe la posibilidad del diálogo con respeto y productivo. Bien hasta ahí.
    El problema radica en que la libertad de expresión nos toca de lejos, aunque luego matizaré esa arriesgada afirmación. Es muy, muy complicado el arriesgar nuestras creencias en regímenes autoritarios en el que somos conscientes que el riesgo mínimo es el encierro. Desde aquí nuestro apoyo a todos los valientes que osan luchar contra molinos, ya que sin ellos, nunca entenderíamos la globalidad de los problemas que afectan a esos paises ¿desarrollados?. Esta semana vi como salía a dar un paseo tras seis años la disidente y nobel de la paz Suu Kyi. Seis años sin poder salir de casa. Es inmoral y elogiable (su actitud, me refiero).
    Pero lo que quería matizar al respecto de nuestra libertad de prensa es que no me la creo. Podemos hablar de casi todo, incluso opinar sobre cuestiones peliagudas sin riesgo a parecer herejes. Pero hay miles de asuntos que mejor no nombrar si no se quiere desaparece, metafóricamente, de la escena. Sírvame de ejemplo la casa Real. Institución sagrada que difícilmente se puede criticar sin caer en el reproche general.
    Por cierto, no tengo nada en contra la casa Real.
    Un saludo

  • Es un tema tan complicado y delicado, el de la eutanasia. Sucede que no se puede generalizar, porque no existe un caso igual a otro. No puede haber una regla, porque no serviría para todos.
    Por otro lado, la libre expresión, prácticamente no existe en los medios, y menos aún la objetividad. Si dices lo que piensas, no sólo te expones físicamente, sino que también puedes perder mucho, económicamente hablando.
    La objetividad se perdió cuando el dinero comenzó a mandar … hoy en día, todos dependemos de él. Los dueños de los medios son los que tienen la primera y la última palabra.
    Saludos y suerte.

  • Muy buenos apuntes, sobre todo, en lo que respecta a la supuesta libertad de prensa española. No sólo es que desaparezcas de la escena de los medios, sino que te cierras muchísimas puertas. Y eso tiene muchísimo que ver con el consabido tema del mercado de la información.

    Igualmente, también hay amenazas si hablas más de la cuenta, pero no salen a la luz pública salvo en contadísimas ocasiones.

    Un abrazo para los dos.

  • Tema espinoso el de la eutanasia, sobre el que lloverían rios de tinta para todos los gustos, y sobre el que prefiero reservarme la opinión al ser en un momento dado juez y parte.

    Sobre la libertad de expresión, nada que puntualizar: suscribo todo lo que tú ya bien has dicho.

    Besos.

  • Yo estoy a favor de la eutanasia, el aborto libre y muchas más cosas. Eso si, siempre partiendo del respeto hacia los demás.

    Yo preferiría morirme antes que estar atado a una cama y solo poder mover el cuello. Sería una carga para mi mujer, mi familia y mis amigos. Preso de mi propio cuerpo esclavizando a otros coartándoles su libertad. Prefiero morir con, la poca, dignidad que pudiera quedarme en el cuerpo.

    Estoy a favor de su legalización y legislación, creo que se ahorraría mucho sufrimiento innecesario. Podría hacer demagogia y apelar a la caridad cristiana, pero no lo haré, creo que es más una cosa de sentido común y lógica. Si alguien está sufriendo deben ponerse todos los medios para evitarlo.