Pan y circo

Es en esta etapa, en este año convulso por la crisis económica y los sueños rotos, cuando pretendo mantenerme fiel a mis principios. Porque es ahora cuando brotan de la nada las “oportunidades”, de la chistera de los oportunistas. Para algunos, es un don la charlatanería, pero ni es mi caso, ni me interesa. De ahí que afirme, rotundamente, mi autenticidad. Que sí, oigan.

Les repito que ser fiel a uno mismo es un bien escaso a estas alturas de la película. Parecer ser que está de moda dárselas de “guay”, falseando el currículo o narrando aventuras imaginarias a los colegas. Supongo, espero e intuyo que en el “panem et circenses” (pan y circo) quedarán los cuatro gatos de siempre, los auténticos, aquéllos de vidas verificables. “You may say I’m a dreamer…“, como diría Lennon. Sí, táchenme de soñadora o en última instancia de purista, pero es lo que hay. No obstante, no pienso perder ni un segundo de mi tiempo en desenmascarar a nadie. Las mentiras, tarde o temprano, caen por su propio peso.

Por supuesto que muchos diréis que esta oleada de ilusionistas responde al acto de supervivencia. De aferrarse a la más mínima oportunidad de ganar dinero. De acuerdo. No crucifico el acto de buscarse la vida; sí la estafa, las malas artes o la difamación. Este último parece ser la forma más efectiva de pisotear cabezas para trepar en una profesión, sobre todo si ésta tiene algo que ver con la comunicación (entiéndase periodismo, marketing, audiovisual, etc.). No puedo justificar que auténticos profesionales, que llevan toda la vida formándose para ejercer de acuerdo a un código profesional, tengan que convivir con personajes de tres al cuarto que piensan que con leer un libro, ver películas, reproducir un videotutorial o asistir a unas charlas, tienen el derecho a incursionarse en terreno vallado.

Seguro que algunos os preguntaréis a qué viene este post. Es un desahogo, cierto. Porque es agotador observar cómo algunos conocidos se dedican a mentir sin ton ni son para dárselas de algo. O si me apuran para aprovecharse de los demás y no dar palo al agua. No seré yo quien señale con el dedo quiénes son, pero permítanme que les cuente lo que pienso de ellos. Sobre todo porque, a pesar del desengaño, sigo creyendo que prevalece la sinceridad y no la mentira; el bien frente al mal.

O más bien he querido acabar este texto dulcificándolo, para continuar mordiéndome la lengua.

*

Fotograma: “El ilusionista“.

  • “por la boca muere el besugo”, q digo… 😉

    A veces lo peor no es el desengaño en si, si no darnos cuenta de que no hemos querido darnos cuenta antes.

    1 saludin!

    y no te rayes… tu pelillos a la mar.

    • Ahí has dado en el clavo, pero no siempre te puedes dar cuenta de buenas a primeras, je.

      ¡Besos!