Obsolescencia vital (1/2)

Internet se ha convertido en un baturrillo de conocimientos, experiencias y deseos sin ningún tipo de valor real, a pesar de que ciertos ‘profesionales’ focalizan su tiempo en la recogida, análisis y publicación de datos respecto a las llamadas redes sociales, entre otros temas. Se afanan en señalar sus potencialidades y debilidades, y procuran que sus epígrafes sean lo suficientemente propagandísticos para hacer un efecto llamada y acumular visitas sin ningún tipo de pudor o recato. Pura cháchara.

La realidad es otra: residimos en unas sociedades cuyos intereses de la deuda global son imposibles de pagar, y en la que sólo el 1 % de la población se está enriqueciendo económicamente a costa del resto; de su trabajo, salud y motivaciones. Un planeta de recursos finitos, cuya bofetada será cruel dentro de 10 años, ya que, por ejemplo, consumimos más barriles de petróleo de los que producimos. Esto significa que la escasez de energía repercutirá en la producción, manufactura y distribución de los alimentos. Si ya de por sí más de 2.000.000 de personas no tienen acceso a agua potable, fuente de vida, imagínense cuando la situación energética llegue a niveles alarmantes. Nadie parece preocupado.

Nos entretenemos en los medios sociales, decimos que estamos conectados y que compartimos información. Sin embargo, esto es un auténtico pan y circo que nos aleja del presente. Una situación que condena a muchas personas a la depresión, violencia, mentiras, humillación… No es ciencia ficción. Es más, no hace falta mencionar el cambio climático, en el Océano Pacífico se han acumulado 100 millones de toneladas de basura arrastradas por las corrientes marinas. Evidentemente, toda esa mierda llega a nosotros en forma de exquisiteces o de relajantes baños en el mar. Aun así, sólo nos importa ser prescriptores de la innovación.

Ojo, no soy activista medioambiental. Es una lástima que gran parte de los grupos que alertan del colapso global no sean tenidos en cuenta por culpa de los cuatro bastardos vendidos por dinero. Es frustrante ver en las noticias cómo un jeque árabe cobra en un día 8 millones de dólares y luego pasear por tu barrio y ver personas de «clase media» rebuscando en la basura porque la prestación por desempleo no le da para vivir. Qué te importa, solo te interesa alardear de «seguidores» y no te preocupa en absoluto el libre mercado que condena a países tercermundistas a cargar con la basura tecnológica no biodegradable. Al menos tienes la deferencia de retuitear el tema si lo hacen tus referentes.

Estamos llegando a un punto sin retorno, que solo explotará en nuestras narices cuando los gobiernos endeudados no tengan dinero para cubrir las prestaciones y las revueltas sociales no sean pacíficas. Si no me creéis, echad un vistazo a los datos empíricos sobre la situación económica y medioambiental. Son públicos, están disponibles para que les prestemos atención y nos dejemos de preocupar por gilipolleces. Me confieso admiradora de la ciencia y tecnología al servicio del progreso y no de la supina estupidez que me encuentro día a día en la Red y de la que seguro alguna vez he sido partícipe. A pesar de todo, creo fervientemente en la redención y en la búsqueda de un nuevo sentido, a pesar de los condicionantes que intentan manipularnos día a día.

Y será nuestra creatividad al servicio de la ciencia la que prevenga la extinción de la raza humana, si conseguimos quitarnos este velo que nos aísla de la desesperanza, ya sea en forma de consumismo, Internet, violencia, adicciones, fanatismo, juicios públicos, etc. Ignoran el peso que me he quitado de encima al hacer un acto de introspección y recuperar los objetivos que descarté en su día por adaptarme a lo que otros consideraban éxito. Ojalá vosotros podáis hacer lo mismo y comprendáis la alarma social y medioambiental que el sistema socio-económico está agravando. Me reafirmo que, lo que hagáis o dejéis de hacer en Internet, me importa un carajo; me preocupa más ser testigo de lo que está por venir. Confío en que mis palabras despierten vuestra curiosidad por volver a la realidad y dejéis de malgastar vuestras energías en impresionar a los demás (como a vosotros mismos). Es una auténtica obsolescencia vital. Prometido.