Láminas de Trevi

10/01/2014

A la intemperie, en pleno invierno. Un artista expone sus acuarelas en una estrecha pero transitada callejuela cerca de la Fontana di Trevi. Podría pasar de largo, como tantas veces he hecho con los vendedores ambulantes de arte, pero su obra capta mi atención. En cuanto me acerco al caballete para observar un lienzo que reproduce de forma exquisita la Basílica de San Pedro, suelta sus pinceles y exclama con vehemencia que él es un auténtico pintor italiano y que su trabajo es real, no píxeles de dudosa calidad.

Le sonrío. Es un hombre de mediana edad, de complexión fuerte y rasgos claramente italianos. Un poco parlanchín, quizá es que pasa demasiadas horas en soledad, acompañado únicamente por su caja de pinceles esperando la inspiración o una mísera venta. No para de hablar e incluso saca una lupa para enseñarme a distinguir los trazos de pincel de las imitaciones. «Tienes talento», le digo. Halagado, replica: «no lo suficiente. Si no, no estaría aquí». De nuevo, incide en que él es italiano y saca del bolsillo de su desgastado vaquero la billetera para mostrarme su documento de identidad. Lo hace porque, sin conocerme de nada, necesita desahogarse. Me cuenta que la desleal competencia de los falsificadores ha provocado que sus compatriotas emigren a Francia, ya que allí, aún, se pagan bien las obras de arte de artistas callejeros. Pero él se resiste a abandonar su hogar.

Y, tal vez, para justificarse a sí mismo, narra una anécdota del maestro Giotto: para convencer al Papa Benedicto IX, este genio del trecento dibujó a mano alzada una circunferencia de un metro de diámetro, a la primera, contundentemente perfecta. Algo que, comúnmente, requiere de un compás e incluso de varios intentos. Carcajea, aunque, en realidad, percibo en él un regusto amargo. Finalmente, me decido por dos pequeños cuadros de arquitectura romana y se ofrece a dedicármelos. Además, no duda en posar cuando saco mi cámara para inmortalizar cómo rubrica. Y, en ese instante, me doy cuenta de que él aguarda pacientemente a cumplir su sueño. Un sueño que queda silenciado por el rumor de la Fontana.

Publicado en DA.