Coletilla generacional

22/11/2014

[D]e los 18 a los 33, o lo que es lo mismo, los nacidos después de 1980 hasta el 2000. Estos últimos son los que conforman la generación Y, conocidos en la Web como millennials (castellanizado como milénicos): los que hemos crecido con acceso a Internet la mayor parte de nuestra etapa educativa, permitiéndonos un acceso diversificado a la información en pleno epicentro de una profunda crisis económica, cuyo denominador común continúa siendo la inestabilidad del mercado laboral.

Pero como ocurriera con las predecesoras, los pesimistas nos han etiquetado como la más preparada pero con la coletilla “desaprovechada”. Sin embargo, la realidad es otra: quienes se incorporan o permanecen en el mercado laboral ocuparán el 75% de la mano de obra mundial en 2025, datos de la Boston Consulting Group. Pero no una mano de obra cualquiera, sino individuos con múltiples competencias tecnológicas que han sacado partido al deterioro del sistema, y que han priorizado otro tipo de aspiraciones como el prestigio profesional frente a lo monetario.

Teniendo en cuenta lo anterior, la generación Y presenta una postura ante el mundo divergente. Algunos alargan la adolescencia hasta la cuarentena, adoptando una actitud conservadora a la hora de invertir, además de consumir productos y servicios que satisfagan necesidades específicas, evaluados previamente mediante las redes sociales. Este nivel de exigencia tambalea aún más el sistema y, de hecho, un ejemplo ilustrativo es el joven banquero de Wall Street, deprimido por la dinámica de su puesto, que envidia al emprendedor de Silicon Valley porque su centro de trabajo es un teléfono inteligente y no malgasta su vida en una triste oficina.

Y si antes la máxima era conseguir un contrato indefinido para hipotecarse, los 8 millones de milénicos de este país, que alternarán laboralmente con cierta frecuencia, cuando encuentren (o funden) una empresa en la que desplegar todo su potencial, ofrecerán lealtad y, sobre todo, pasión. Así que poco tenemos de generación perdida: en realidad somos el faro de una sociedad desorientada por la degradación del culto materialista.

Publicado en DA