Tu mejor sonrisa

21/02/2015

oh[L]a exposición pública a la que nos sometemos voluntariamente en las redes sociales, vitrinas de la sociedad del espectáculo —concepto definido por Martín Caparrós en El País Semanal—, no es sino otra forma de la desconfianza que mantenemos con nuestra memoria visual. Porque todo lo documentamos con los smartphones, hilvanando una fabulosa narración en la que, faltaría más, dibujamos una mueca alegre, dejando registro de nuestro presente y futuro sonriente.

Ese registro es la forma en la que le gritamos al mundo lo bien que hemos vivido o vivimos, otro recurso para incordiar en el enemybook (no confundir con la aplicación): aceptamos en nuestros perfiles a personas que consideramos indeseables —aquellos que evitaríamos saludar en la calle—, cumpliendo el «mantén cerca a tus amigos pero aún más a tus enemigos», en un tóxico interés en conocer los nimios detalles de sus vidas y restregar, a la mínima oportunidad, lo estupendo que nos va.

Sería una cínica si no reconociera que en cada imagen que subo a la Red exhibo mi mejor sonrisa porque ¿a santo de qué voy a compartir mis problemas públicamente? La diferencia estriba en reconocer el porqué del celo y si afecta el que alguien toque o no me gusta (aplauso) en cada testimonio que, a veces con esmero, publicamos en nuestros escaparates. A lo anterior hay que sumar la nula privacidad que ofrecen estas plataformas gratuitas —cabe recordar que el peaje que pagamos son los datos personales—, por lo que cualquiera tiene acceso a retazos de nuestra existencia formándose una idea casi siempre vaga (salvo la publicidad segmentada y el departamento de recursos humanos), aunque sigamos a rajatabla la cháchara de los guías espirituales de la marca personal.

Pero hemos aprendido a posar, así que el carrete de nuestro timeline (línea del tiempo) estará compuesto por instantáneas de nuestra vida, obra y milagros, que poco tendrán que envidiar al de los ex (en lo que sea), y en los que nos recrearemos melancólicamente como si cualquier tiempo pasado hubiese sido mejor… y real.

Publicado en DA