Pesimismo tecnológico

Evolución móviles

[T]ransitamos desde hace dos siglos por el sendero de una revolución tecnológica jamás pensada, ideada o descrita por autores de ciencia ficción. Absortos y subyugados por Internet, ‘aislados’ con ordenadores y móviles inteligentes que nos permiten comunicarnos en sus redes de forma masiva, en grupo, matando el individualismo a favor de la ¿consciencia colectiva?, cuando en realidad muchos teclean con frustración y desprecio hacia los demás.

Leo en algunas bitácoras que la brecha digital es mentira, una manipulación, pero me confunden los conflictos en países subdesarrollados y en vías de desarrollo o incluso la continua emergencia nutricional en el Cuerno de África. Mientras Occidente y parte de Oriente se desprenden de lo físico para entregarse sin reservas a un entorno digital, como anteriormente lo hacían con la fe religiosa, aún hay millones de habitantes que jamás han visto o tocado un ordenador, menos un smartphone. Un mal superado etnocentrismo que cada día incrementa la tasa de jóvenes menores de 30 años que se sienten desorientados, profundamente deprimidos.

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Del buen trato nace el ingrato

No voy criticando a lo que os dedicáis en Internet. Lo digo porque a otros sí parece preocuparles lo que hago o dejo de hacer. Ni me preguntéis por qué, porque ni yo misma lo sé. Procuro morderme la lengua en su justa medida, pero no puedo ser hipócrita, ni políticamente correcta por exigencias del guion. Asimismo, no soporto a los que ponen en práctica el “dime con quién andas y te diré quién eres”, porque es una falacia. Por tanto, prefiero parecer pedante a ser tachada de falsa. Éstos son mis principios, los que sustentan mi personalidad y buen hacer. Y con lo de buen hacer, me refiero a que procuro ofrecer lo mejor de mí misma, sin preocuparme lo que murmuren los demás.

Esta introducción responde al comportamiento que exhiben muchísimas personas en las redes sociales, principalmente. Algunos se crecen tras la pantalla de un móvil y/o ordenador, se sienten importantes, y cuando los conoces en persona parecen “ratoncillos” asustados. O los hay que se dedican a seguir a personas a las que no soportan, lanzándoles indirectas, pero procurando parecer aliados. ¿Por qué se comportan de manera tan opuesta a como son en realidad? Igualmente, es una pérdida de tiempo mantener en tus perfiles a individuos que se dedican a cuchichear a tus espaldas, a criticarte. ¿Qué clase de código ético regula las interacciones personales en la Red? No concibo esta doble moral, no la acepto. Es indudable que algunos tienen miedo a la reacción de ese censor que parece no tener nada mejor que hacer en la Red que observarte. “La grandeza de los hombres se mide en función de la de sus enemigos“, dice el refrán.

En mi caso, tras varios meses reflexionando sobre el tema, he decidido ser lo más transparente posible. Con ello quiero decir que no seguiré ni aceptaré a aquéllos para los que soy persona no grata. No tengo tiempo ni estómago. Y centraré todas mis atenciones en mis amigos reales y, por qué no, virtuales. Debemos esforzarnos en fomentar la honestidad, aunque ésta pueda parecer maleducada. Y más en esta época decadente, sangrienta y miserable (poco se diferencia de épocas anteriores). Internet es la dimensión que no debería convertirse en el espejo magnificado de los peores defectos del ser humano. Y ahí lo dejo.

El backup fantasma

El entorno digital es cosmos que simboliza la vida ulterior que muchos anhelan poseer. Los foros o chats parecen la barra de un bar donde se acude a pasar el rato o a “socializar”; un blog es un lugar que incentiva el diálogo, debate y consenso; de las redes sociales se dice que son sistemas abiertos que permiten intercambios dinámicos entre personas, grupos e instituciones… -Aparte de las posibilidades de negocio que suponen-.

Personalmente, considero que “el 2.0” es simplemente un estrafalario escaparate, una pantomima que todos representamos ataviados con las mejores galas. Y es en esta farsa donde he descubierto interesantísimos personajes, aprendiendo de ellos y dejándome inspirar por su “genuino” estilo. De ahí que cuide con esmero lo que publico en la Red, cerciorándome que se ajusta a lo que yo considero “exquisita exposición“. Ergo, estoy de acuerdo con el término “diálogo”, cuando definimos Internet, pero no suscribo la comedia que algunos/as se empeñan en mantener.

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