Cuestión de género

03/05/2013

[E]l siglo XIX se caracteriza por los profundos cambios ideológicos, económicos y sociales que configuraron la que conocemos como sociedad contemporánea, en la que la tecnología también jugó un importante papel al pasar de la manufactura a la fábrica moderna. Acompañados por una reestructuración en el campo político a tenor de las revoluciones que llevaron a la burguesía al poder, las mujeres continuaron siendo una minoría en el sector industrial, a excepción de las fábricas textiles, servicio doméstico y modistería —muchísimas trabajaron de forma clandestina en minas—. La mayoría de las jóvenes, entre los 15 y 20 años, que buscaba una oportunidad provenía de zonas rurales, representando el 75 % de la población activa femenina a mediados del siglo XIX.

En este contexto social, incluso una mujer de clase media con estudios no tenía salidas profesionales. Surgieron, no sin esfuerzo, las enfermeras, dependientas de grandes almacenes…; la introducción de la máquina de escribir creó los oficios de mecanógrafas o dactilógrafas y el teléfono el puesto de telefonista. Aun así, aspiraban a más. El acceso a una educación superior obligaba a la modificación de las leyes; otra batalla ganada. La primera abogada fue aceptada en el estado de Iowa (Estados Unidos) en 1869. Pero no sería hasta el siglo XX cuando realmente se llegó a un libre acceso al ejercicio de las profesiones liberales y la primera incorporación en masa durante la Primera Guerra Mundial, situación coyuntural, cuyo patrón se repitió en la segunda. Eso sí, sin vuelta atrás.

Echando un vistazo a las últimas infografías sobre la población activa en Internet y la preponderancia del género femenino en las comunidades más destacadas —Facebook y Twitter—, inferí en la importancia de recordar que la incorporación al mercado laboral de la mujer se produjo hace apenas un siglo (menos tiempo ha pasado en lo que respecta al Sufragio Universal). Cierto es que este es un nimio ejemplo, pero resulta curiosa la aseveración sobre que «las redes sociales son eminentemente femeninas», teniendo en cuenta que engrosamos las tasas de desempleo, bajos salarios, violencia machista… Salvo para las marcas de moda y belleza, poco útiles son estos datos. Aún nos queda mucho por recorrer.

Publicado en DA.