Parloteo sobre la creatividad

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«(…) la escritura siempre ha de ser valiente, aunque a costa de eso una se muestre desnuda». Elvira Lindo.

Tuve un jefe que me llamó a capítulo a razón de la publicación en mi bitácora de algunos microrrelatos con supuestas connotaciones sexuales. No eran textos eróticos, ni mucho menos, pero sí reconozco que tenían una cierta carga de sensualidad. Aplaudió mi estilo, para ser educado, pero advirtió que mi imagen representaba a la empresa, por lo que se veía en la obligación de sugerir que fuese más… comedida. Tomé buena nota de su comentario.

No solo acabé retirándolos de la Red sino también me aparté de la escritura creativa pública, dedicándome, al menos en este tipo de espacios, a seleccionar y compartir fragmentos de otros. Desde entonces continúo escribiendo, pero mis artículos para los medios no son de ficción o tipo intimista, por lo que no poseen la esencia que me caracterizaba y me hacía sentir valiente. Solo me preocupa la adecuación temática y lingüística, ya que respeto como una máxima la figura del lector.

Rememorando la, digamos, anécdota anterior, me pregunto cómo autorizamos que nos manipulen las opiniones, cuando no se puede desentrañar, menos comprender en su totalidad, la complejidad individual. Por ejemplo, en lo que se refiere a las actividades creativas, que son las que evitan que lo desagradable de este mundo nos destruya, hay mucho censor matando ilusiones, calificándolas de pasatiempo inútil.

Y es todo lo contrario: la creatividad es una expresión superior, canaliza el manantial de emociones evitando que su obstrucción provoque confusión, bloqueo psicológico e incluso vacío. Crear, ya sea para uno mismo o para los demás, con mayor o menor acierto, permite que sentíamos que somos algo más que, y por enésima vez citando a Ana Frank, un manojo de contradicciones. Más, en una sociedad en la que la mayoría solo está interesada en entretenerse con los trapos sucios de los se exhiben sin pudor en los realities shows, en vez de preocuparse por el desangrado del país gracias a la clase política.

Pero para profesionalizar las manifestaciones artísticas (pintura, música, escritura, etcétera), se requiere de un calibrado de la brújula personal. Y esto último no es tarea fácil, sobre todo en un territorio con profundos problemas económicos y socioculturales. ¿Cómo llegar a buen puerto sin sacrificar de más, llenando la cesta de la compra y manteniéndose cuerdo? Por supuesto que desconozco la respuesta, pero sí sé que nadie tiene la potestad de cuestionar los pasos de otros. De nada sirvió que me volviese tan prudente: abandoné esa empresa en cuanto me surgió otra oportunidad laboral. Así que, si tus sueños son una madeja enmarañada, recuerda que, a veces, es mejor dar un rodeo sin perder de vista la ruta. Pero, por encima de todo, que una opinión, y da igual de quien sea, no borre lo que te caracterice pero sí ayude a construir una mejor versión de ti mismo.