6/11/2010

Poco a poco estoy recuperando el hábito de escribir. No pensé que costara tanto, pero todo es cuestión de dejarse llevar y olvidar, aunque sea un rato, de la cotidianidad. Cada vez me gusta más el lugar que es ahora mi hogar; es más, no percibo este piso como algo nuevo en mi vida, sino como mi anhelado rincón. Supongo que eso es bueno para recuperar la disciplina. Y aunque no tenga nada que decir, es de rigor escribir (ficción) todos los días; como en cualquier profesión o deporte, la práctica se hace indispensable para mejorar. Porque quién sabe si entre esos garabatos surge algo bueno.

Respecto a esto último (la disciplina) es una elección personal, ya que aquellos que perciban la escritura como una afición no tienen por qué autoimponerse escribir todos los días, sino cuando les venga la inspiración. En mi caso, necesito hacerlo porque la doble vida que aporta la literatura es lo único que consigue que me sienta llena. Mas soy consciente de que tiendo al perfeccionismo y no soporto errar. Intento abarcar muchas cosas en una desesperada carrera contra el reloj. Algunos me tachan de existencialista. Quizá.

Sobra decir que no escribo sólo para mí misma, necesito compartirlo. Somos seres sociables, necesitamos vomitar lo que nos atormenta con la vana idea de que así no estamos solos. Lo curioso es que a muchos no les interesa; es más, lo encuentran sumamente absurdo. Yo también lo veo así, pero no puedo evitar, en muchas ocasiones, exteriorizar mis demonios a modo de confesiones reales o ficticias. Aunque prefiero la ficción, porque el sentido del individualismo está, afortunadamente, vigente. Qué tormento si tuviéramos que compartirlo todo. Necesitamos nuestra parcela de intimidad, nuestro mundo secreto.

Mis personajes, mis pequeñas bestias, habitan en universos paralelos donde tienen vida propia. Nada ni nadie podrá separarme de ellos. Con esto quiero decir que si Malalua es Ylka o Ylka es Malalua no tiene mayor importancia. Estoy segura de que saben distinguir entre ambas, aunque si fueran lo mismo no tendría nada de malo. Malalua es el mundo de los sueños, de la narrativa de ficción. Ylka es una mujer ambiciosa, perfeccionista y de principios. No puedo desprenderme de Malalua, ya que, curiosamente, es la que me ayuda a sobrellevar los días grises. No obstante, si antes era libre, ahora debo ser comedida; no sólo porque hay más ojos escrutadores, sino porque el nivel de autoexigencia aumenta cada vez más y estoy en pleno proceso de encontrarme a mí misma.

No sé adónde me llevarán mis palabras.

Escucho mientras escribo: People are strange- The Doors.

 

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