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Category: Poema en prosa

Juntos

Les Amants (1928), René Magritte
Les Amants (1928), René Magritte

Tú, al igual que yo, repeles el dolor. El desconcierto ante lo que pudo ser y jamás será, ante los que se fueron sin mirar atrás, ante la quimera que se esfuma como humo de tabaco.

Qué puedo contarte que tú ya no sepas. Carecemos de una razón por la que vivir y morir, y el apego ensordece nuestros deseos; penetra en la inexorable soledad.

Porque tú, al igual que yo, anhelas ser irreal pero palpitas ante un nuevo amanecer. Cuando te giras, acaricias mi rostro y me comprometes a otro día más… juntos.

 

Si me dejaras

Si me dejaras decirte lo que pienso de ti, de tu forma de ser, de tus maneras, de tus actos; si me dejaras modelarte a mi gusto, pulir tus grietas, alisar tu forma; si me dejaras manejar tus hilos a mi antojo… Si me dejaras, no serías quien eres. Ni yo te hubiera amado.

 

Más que una pulsión

Esto es más que una pulsión que conduce a la dimensión de tu sexo: a tu  abrupta y condescendiente lengua; a tus rudas y sugestivas manos; a tu insondable y placentera piel. Amor es más que un deferente vocablo: es una deliciosa congoja, emoción agridulce, desafiante ausencia color vacío. Me desdoblo si te vas.

Mas estás aquí, celando al deseo, remendando grietas con tu nombre y gobernando un indómito corazón enrededado en lo grave de tus ojos. Porque esto es más que una pulsión que conduce a la dimensión de tu sexo. Porque esto, es amor.

 

La caótica letra

El espejismo de la palabra corona la ficción que se esculpe como absurdas incoherencias de una mente anárquica. Se torna pomposa, obsesiva; pero es apremiante porque reclama su lugar en la confusa bohemia. Sí, su nombre es Caótica Letra, la praxis de la palabra con forma de esperpento.

Espira sin compasión un asfixiante halo mortecino que se torna apesadumbrado, catártico. Vomita la hostil maraña de vísceras del álter ego. El vacío tritura el corazón en un mortero de resentimiento hasta reducirlo a polvo de lamentos.

No obstante, hay quien posee un juicio aséptico, sereno, que niega la evidencia del nefasto embrujo de la grafía y la degusta como una labor ecuánime, fortalecedora. Se besa la mano y se elogia por ello. Discute con la melancolía que se marchita hasta llorar sus pétalos, deslizándose por la mejilla de la etérea felicidad.

2009

 

El goce de devorarte

‘Pieces of…’ (2003), Mariana Castro.

Anoche te amé con tanta intensidad que te saboreé con impaciencia. Quería más. Quería arrancarte el corazón, inhalar tu alma. Que fueras tan mío, que fuésemos uno. Deseé guardar en un frasquito el aroma de tu piel, respirarlo a solas para recordar tu cuerpo y fantasear con él.

Te amé tanto, que me volví egoísta. Fui un manojo de turbulentos deseos y a punto estuve de devorarte por completo. En tu pupila sólo existía yo. Eres mío, sólo mío. Anoche te amé con tanta intensidad… que hoy te quiero repetir.

 

 

Eres inspiración

Esta alma condenada a la aspiración del “quiero ser…”, se limita a susurrar a los oídos del que ama: “gracias por existir”. Eres la inspiración del más afanado poeta, de la más absurda poetisa. Tú provocas la inseguridad de la felicidad más efímera y la nostalgia de la sonata melancolía en una noche entre tus brazos. ¿Cuántas veces estos labios te dirán lo mucho que te aman? No existen palabras para arrancarme del pecho la esencia de tu piel. No quiero. No puedo.

‘Time jumps’ (Mariana Castro, 2003).