Vómito celestial

[…]

Paró el coche en el arcén. Bajó y vomitó. Vomitó la maraña de nervios que la tenía todas las noches en vilo, el asco del engaño. Cayó de rodillas y lloró. Lloró como nunca pensó hacerlo. Pensaba que se le rasgaba el alma, que se rompería en mil pedazos. Sintió que se descomponía, que dejaba de ser humano para convertirse en un esperpento de sí misma. Volvió al coche y sacó un pequeño espejo de su bolso. Se miró en él.

—Doy pena —dijo— Espera, ¿de verdad doy pena? No, doy asco.

Apartó la mirada. Se volvió a mirar: ojos hinchados, rímel corrido, boca sucia, dientes con restos de vómito celestial.

Sí, vómito celestial. Porque ahora era un ángel, el demonio se quedó en el asfalto.

10 years ago

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