Pulquérrima vocación

Quizá, si retuerzo palabras, entinte la pulquérrima vocación de escribir. Volatizar el raciocinio, el doblez de malicia y la impronta de una minúscula parte del ser¹. Un ser de realidad sensible, figurada, que encorseta ilegibles conceptos en artificios de fatua sonoridad. Enredadera que nace en mi pecho carcajeándose de sí misma. De mí misma.

Trémulos restos de pretendidas descripciones y cordones umbilicales unidos a mis perversas entrañas. Bestias de humo negro de la hoguera de las vanidades², arden en mi estéril capacidad de delinear su intimidad, de fragmentar su existencia. Porque habitan en mi cuerpo, forman parte de mi desnudez. Guardan, impacientes, apetito de nacer y de morir en mis manos. En mis blancas manos. Porque, quizá, si retuerzo palabras, entinte la pulquérrima vocación de escribir.

 

1. El ser, de Aristóteles.
2. La hoguera de las vanidades, de Savonarola. 

9 years ago

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